“El alumnado de nivel socioeconómico bajo tiene 4 veces más probabilidades de repetir”. Carla Carmona

La desigualdad educativa y, por consiguiente, el dispar acceso a las oportunidades es una realidad que lleva tiempo implantada en las aulas españolas. Debido a la situación sanitaria mundial, la brecha entre ricos y pobres crece a pasos agigantados y esto se ve reflejado a diario en los centros educativos de nuestro país.

Soy profesora en un centro situado en la zona conocida como Poblado Mínimo de Caño Roto, que pertenece al madrileño distrito de La Latina. Es una zona conocida por la venta de drogas, en la que la presencia policial es constante. En este contexto, muchas familias trabajadoras tratan de salir adelante enlazando jornadas maratonianas de trabajo con la esperanza de que sus hijos puedan tener un futuro distinto.

Carla Carmona Tarín, Participante del programa Empieza por Educar 2019-2021

A estos niños y niñas tratamos de llegar a diario los profesores. Comúnmente escuchamos hablar de desigualdad mucho, y por distintas vías, pero a veces no somos conscientes de cómo esa desigualdad se plasma en las clases. Yo, como profesora en un entorno vulnerable, convivo con ella a diario y asisto frustrada a sus diversas manifestaciones.

Hoy mismo explicaba en mi clase de lengua y literatura la diferencia entre pronombres y determinantes. Uno de mis estudiantes tenía dificultades para entenderlo. Ante esto, le pregunto: “¿Puede ayudarte a repasar el tema por la tarde tu madre en casa?”. Responde: “No puede profe, apenas la veo porque limpia casas por la mañana y luego se va a trabajar al McDonalds y no llega hasta la uno o las dos de la mañana”. Ahí está la desigualdad; en el momento en el que mi alumno llega a casa y no tiene ayuda. Y está solo en casa porque su madre necesita dos empleos para subsistir. ¿Quién va a tener más posibilidades de éxito? ¿Mi alumno del barrio del sur de Madrid, cuya madre tiene dos trabajos y no lo puede ayudar con los deberes, o el alumno de un barrio del norte de Madrid que, por ejemplo, tiene un profesor de repaso siempre que lo necesita? Para mí la respuesta es clara.

En 2017 la ONG Save The Children lanzó su informe “Desheredados” el que habla de desigualdad infantil, igualdad de oportunidades y políticas públicas en España. En dicho informe se evidencian varios indicadores esenciales del progreso educativo- mejor dicho, del fracaso educativo- que muestran lo preocupante de la situación en la que nos encontramos, especialmente, en aquellos entornos más vulnerables. Uno de los datos más significativos de dicho documento afirma que: “A mismo nivel de competencias en matemáticas, lectura y ciencias, el alumnado de nivel socioeconómico bajo tiene 4 veces más probabilidades de repetir”. Por tanto, es evidente que el entorno y el contexto socioeconómico marcan  significativamente las posibilidades de éxito de los niños y niñas españoles.

Cuando trabajamos en entornos vulnerables, los profesores tenemos que lidiar cada día con situaciones que se escapan del ámbito académico. Por las mañanas, mis compañeros de claustro y yo, no solo enseñamos lengua y literatura o matemáticas:  tenemos reuniones en las que buscamos recursos para alumnos cuyos padres han perdido el trabajo debido a la pandemia, vamos a sus casas a tocar el timbre para asegurarnos de que vienen a clase porque sabemos que sus padres no pueden encargarse de ellos (¡están trabajando para sobrevivir!), buscamos asociaciones y centros de tarde que puedan acoger a nuestros estudiantes para que los ayuden a hacer los deberes (en vez de pasar la tarde en la calle en un entorno lleno de drogas), etc.

Y me pregunto… ¿puede este contexto generar las mismas oportunidades de éxito para mis alumnos que otro contexto económicamente más alto? Desde luego que no. Mis estudiantes nacen condenados por su entorno y esta es una realidad que urge atajar simplemente porque no es justo ni digno. La educación debe ser compensadora y no reproductora de las desigualdades sociales de origen de los estudiantes.

Muchas veces me preguntan cómo es trabajar con alumnos vulnerables y siempre remarco que los niños y niñas a los que doy clase no son en absoluto personas vulnerables, sino que es el entorno en el que nacen y crecen el que les vulnerabiliza y merma sus oportunidades de éxito.

A los niños y niñas de España les debemos unas oportunidades educativas igualitarias, independientemente del contexto socioeconómico en el que hayan nacido; pero sobre todo les debemos la oportunidad de poder soñar. Por ahora, les estamos fallando.

 

Carla Carmona Tarín, Participante del programa Empieza por Educar 2019-2021

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