Rubén Almendros Peñaranda, Lenguas Modernas y sus Literaturas

img_20160812_161746-1-1-1Mi nombre es Rubén Jesús Almendros Peñaranda, tengo veinte años y soy natural de Almansa (Albacete). Estudio el Grado en Lenguas Modernas y sus Literaturas (mención en lenguas y culturas asiáticas: chino y japonés) en la Universidad de Granada. Estos estudios, posiblemente desconocidos para la mayoría de jóvenes, persiguen el dominio de dos len guas extranjeras y el estudio de sus manifestaciones culturales y artísticas (literatura, cine, teatro, filosofía, historia, arte,…). En mi caso, este grado encaminará mis pasos hacia una carrera académica: en el futuro quisiera ser docente universitario de literatura china.

El sistema educativo español, en mi opinión, no responde a los retos de la sociedad del conocimiento. En un mundo globalizado en el que toda la información está a un mero clic, no encuentro sentido alguno a una metodología que premia una memorística exacerbada. Esta concepción ha acabado por denostar el prestigio de las Humanidades, una disciplina aparentemente inservible y sin oportunidades de labrarse un camino en la actualidad. Ahora bien, no es la obsolescencia una cualidad de los estudios humanísticos –evidente es la necesidad de la enseñanza y aprendizaje de idiomas en una realidad global, así como el mayor acceso a la cultura entre la población gracias a la irrupción de las nuevas tecnologías–, sino un sistema educativo que no actúa frente a lo que el presente exige urgentemente.

Si nos centramos en la enseñanza de la literatura, el problema del exceso de memorística es todavía más acuciante si cabe. La obsesión por la historia de la literatura, reducida a una sola nación o lengua y desligada incluso de su contexto histórico-cultural, raya el límite de lo absurdo. En una actualidad de intercambio de saberes, acotar el universo literario a una lista interminable de autores y obras es inútil a la par que irreal. Mientras que en otros países europeos el auge de la literatura comparada y el surgimiento de nuevos modelos teóricos (estudios feministas, marxistas, psicoanalistas, queer,…) a partir del siglo XX han renovado el ámbito de lo literario, la universidad española se presenta desligada de estos nuevos horizontes metodológicos.

De esta forma, se perpetúa un modelo basado exclusivamente en la clase magistral. Así pues, un alumno de estudios humanísticos se ve obligado a asistir a cuatro horas de clase por cada asignatura a tomar nota, sin ningún tipo de filtro crítico, de lo que el docente recita ex catedra. Desgraciadamente, esta es, en muchas ocasiones, la única fuente de conocimiento para el universitario, que tan solo dedica su esfuerzo a estudiar sus apuntes y calcar la misma respuesta en un examen de desarrollo sobre conocimientos supuestamente objetivos, lejos de cualquier reflexión o matiz personal.

Ni siquiera la tan deseada presencia de clases prácticas obligatorias propuesta por el Plan Bolonia ha cumplido su objetivo. Una clase práctica, erróneamente planteada por el docente o deficientemente aprovechada por el alumno, puede convertirse en un curso magistral más. Lo que debería ser un debate sobre textos o documentos audiovisuales acaba por ser un monólogo del profesor ante la baja participación e interacción del estudiantado.

No conviene, sin embargo, dejarse llevar por una falsa generalización. En el sistema actual y, concretamente, en la Universidad de Granada, conviven dos conceptos de educación entre el cuerpo docente: por un lado, un modelo tradicionalista, achacado por las deficiencias que anteriormente se han descrito y propio de un profesorado que tan solo ha vivido la educación superior española y, por otro lado, una perspectiva innovadora de los estudios universitarios, traída por los profesionales que han marchado al extranjero y se han visto inmersos al menos en dos realidades educativas distintas.

Afortunadamente, el profesorado de literatura y cultura china de la Universidad de Granada trata de romper con los límites que impone una enseñanza memorística de la literatura. Así pues, el examen como principal método de evaluación se elimina a favor de un trabajo de investigación que otorga la libertad al alumno de leer y analizar una obra a partir de una temática concreta o incluso de establecer comparaciones con otras tradiciones literarias. A través de un método analítico, el alumno debe describir, en primer lugar, el objetivo que se persigue en el trabajo –por ejemplo, la influencia de la religión budista en la novela Viaje a Occidente–. Tras dicha introducción, el estudiante se apoya en la obra literaria y en bibliografía teórica para plantear hipótesis y desarrollar el tema desde una óptica crítica e individual. En último lugar, se retoma el fin fijado al inicio del ensayo para comprobar si se han resuelto todos los hilos propuestos, sintetizar las ideas principales y matizar ciertos aspectos a posteriori –si la recreación del budismo en la obra obedece a una imagen ideológica real o estereotipada de dicha religión, por ejemplo–. A este trabajo escrito le complementa una exposición oral, que no debe tratar todos los contenidos vertidos en el texto, sino recoger someramente el esqueleto de la investigación (propósito, materiales empleados, líneas de trabajo y conclusiones generales).

Ahora bien, no solo el sistema de evaluación debe ser alterado, sino que la organización y la metodología de las clases de literatura también tienen que ser distintas. En un intento por involucrar al alumnado en el contenido de la asignatura Literatura Clásica China, la profesora trata de reducir las lecciones magistrales a simples guías de lectura. De esta forma, los estudiantes leen autónomamente textos seleccionados por ella misma para su posterior debate en clase. Con el propósito de alentar la participación de la clase, la docente comienza preguntándonos por las sensaciones transmitidas (¿Qué te hace sentir este texto? ¿Qué comportamiento simboliza cada personaje? ¿Qué te ha parecido el argumento o la forma de expresión del autor?). Una vez el alumnado está inmerso en la dinámica del debate, nos adentramos en cuestiones más técnicas de teoría de la literatura o literatura comparada (¿En qué se diferencia la lengua literaria de este texto respecto a esa otra obra? ¿A qué poder pretende legitimar este poema? ¿Qué vínculos adviertes con la literatura anterior? ¿Observas relaciones con alguna otra obra de la literatura universal?).

En definitiva, la enseñanza de la literatura en España debe abrirse a un mundo interrelacionado y dar la oportunidad al alumnado de fomentar su pensamiento crítico y su creatividad a partir de la lectura de textos literarios. Solamente de esta forma la literatura y las Humanidades en general lograrán ocupar en el panorama actual el espacio que realmente merecen.

 

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