Iker del Val Suárez, Ciencias Políticas

¡Hola! Soy Iker del Val Suárez. A día de hoy estoy estudiando Ciencias Políticas en la universidad de Sciences Po, en Francia. En primero de bachillerato me enteré de la existencia de una beca para estudiar los dos últimos años de instituto en una escuela internacional en el extranjero: los Colegios del Mundo Unido. Después de un arduo y estimulante proceso de selección, me comunicaron que había recibido la beca y me iba a estudiar el Bachillerato Internacional (IB) a Italia dos años. Y gracias a ello he tenido la posibilidad de vivir la experiencia educativa más integral y formativa de mi vida.

Iker del Val

Iker en el Alumni Day de Colegios del Mundo Unido, escuchando una conferencia de un ex-alumno.

Las diferencias entre la educación en el instituto al que fui, parte de la red de Colegios del Mundo Unido, y la educación que recibí anteriormente en España son claras. Considero que la propuesta educativa más común en nuestro país se centra en el contenido: debemos saber cosas. Infinidad de datos, fechas, detalles que caen en un saco de conocimiento que, imagino, responde al concepto de lo que debe ser un ciudadano informado. Por el contrario, en mi  instituto el enfoque reposaba sobre el método: debemos saber cómo conocer, cómo pensar, cómo ser críticos. De manera que en un curso de filosofía, aprendimos menos filósofos, pero sí aprendimos a filosofar. Y, lo que es curioso, los filósofos que aprendimos no nos abandonaron una vez terminado el examen. Paradójicamente, se retiene mejor aquello que no se nos ha hecho memorizar.

Quizá lo más interesante de esta metodología era el estudio de caso. Llevábamos a cabo trabajos de investigación de cada asignatura, en los cuales teníamos libertad casi absoluta para elegir la temática. El tiempo que en España habría pasado en clase tomando apuntes de manera pasiva, lo invertí en recorrer bibliotecas, acceder a registros parlamentarios y explorar hemerotecas, todo con el fin de investigar el voto femenino en la II República española. Sí, quizá no recuerdo en detalle todas las fechas, datos, y nombres de ese período histórico, pero, ¿acaso si las hubiera estudiado las recordaría? La respuesta es obvia, y lo que indica, rotundo: no podemos sostener un modelo en el que se cubre mucho pero se retiene poco. Por el contrario, el estudio de caso, gracias a la libertad que da al estudiante, personaliza la experiencia de la asignatura, haciéndola tuya. Además, te desafía y te enfrenta a algo totalmente nuevo, y te predispone a tener una actitud inquieta y proactiva, más allá de escuchar al profesor.

Sin embargo, este saber cómo conocer tiene ciertas desventajas. En conversaciones con compañeros provenientes de un contexto educativo tal, podía apreciar cómo, en ocasiones, tenían lagunas en ciertas áreas, o que no manejaban una concepción relativamente completa de ciertos temas. Algo, por el contrario, que nuestro sistema, si bien recibido, sí provee. Además, al cabo de dos años generando creativamente a cada momento, el agotamiento intelectual nos llevaba a cierta desgana a la hora de crear. En mi experiencia, el modelo español, por el contrario —quizá simplemente por no exigir creatividad en exceso—, no agota de esa manera.

Por todo esto creo que una pedagogía en la intersección de ambos modelos es algo a perseguir. Si la educación es un medio para empoderarnos y hacernos ciudadanos activos, no podemos seguir con un modelo meramente informativo. Tenemos que luchar por una educación que nos rete, nos inspire y, al mismo tiempo, nos de las coordenadas para estar en el mundo. Una educación que siente las bases de nuestro pensamiento de por vida, y que nos capacite para saber enfrentar cualquier situación. Estoy seguro de que con nuestras reflexiones e innovaciones futuras conseguiremos mejorar nuestra experiencia educativa y la de muchos estudiantes por venir.

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