“Hay un gran potencial en la colaboración entre profesores”. Eva Flavia Martínez Orbegozo.

Eva Flavia en Harvard

Eva Flavia en Harvard

 

De Madrid a Harvard. Después de graduarse en Arquitectura y Filología Inglesa, Eva Flavia Martínez Orbegozo participó en el programa Empieza por Educar, cuyo objetivo es trabajar por la equidad educativa colaborando con colegios en entornos socioeconómicos desfavorecidos. Impartió clase en el colegio Padre Piquer en Madrid a alumnos de más de 30 nacionalidades distintas, bajo un modelo de innovación educativa e inclusión en el aula. Actualmente Eva Flavia estudia políticas educativas en Harvard. Este curso hace un máster en estudios especializados en educación con una beca de la Fundación Ramón Areces, después de hacer un primer máster en gestión y políticas educativas con una beca de La Caixa. 

Si tuvieras que señalar un problema especialmente urgente en nuestro sistema educativo, ¿cuál sería?

Nuestro sistema educativo tiene virtudes importantes, como el hecho de que la red de colegios públicos cubre al 70% de la población(1), la voluntad creciente de innovación en algunos centros, o el potencial de nuestros profesores. Pero también existen grandes retos, como una importante desigualdad. El abandono escolar temprano es muy alto en comparación con países de nuestro entorno. En España, en torno al  20% de los jóvenes entre 16 y 24 años no tiene el graduado escolar(2). Y este dato es aún mayor en entornos socioeconómicos menos favorecidos

Los altos niveles de repetición de curso también son un indicador preocupante en nuestro sistema educativo: el 30% de alumnos de 15 años ha repetido al menos una vez en su vida, mientras que la media europea está en torno al 11%(3). También aquí se ve la inequidad educativa:  A mismo nivel de habilidades y competencias medidos según PISA, un alumno de entorno socioeconómico más desfavorecido tiene 6 veces más probabilidades de haber repetido que uno de un entorno más favorable. 

¿Qué te ha traído a Harvard para estudiar políticas educativas?

Mi interés por estudiar políticas educativas viene inspirado por mi trabajo previo en el sector educativo en España. Antes de venir a estudiar este máster, participé en el programa Empieza por Educar y  fui profesora durante cuatro años en el colegio Padre Piquer en Madrid, un centro con gran diversidad en el alumnado, con estudiantes procedentes de más de 30 nacionalidades, de 8 religiones diferentes, y, en gran medida, de origen socioeconómico no favorecido. Esta experiencia, con el apoyo de Empieza por Educar y en el contexto de Padre Piquer, ha sido clave para querer formarme en políticas educativas y entender la conexión que existe entre la práctica docente de cada día en centros y aulas, y las decisiones políticas que buscan definir el sistema. 

Mi trabajo como docente me ha enseñado mucho, como por ejemplo, lo importante que es conocer bien a nuestros alumnos, algo de lo que a veces no hablamos lo suficiente en políticas educativas. También, lo necesaria que es la conexión entre el centro, el profesor, las familias y los alumnos, y ligado a esto, la importancia de tener un proyecto de centro que tenga claro cuál es el contexto en el que actúa y las necesidades concretas de sus alumnos para darles una respuesta especialmente diseñada para ellos.

En mi experiencia en el aula, como profesora y tutora, he trabajado con alumnos que muchas veces tienen situaciones familiares complicadas o que pasan por dificultades económicas importantes. En Piquer, la realidad del alumnado es algo de lo que el centro es muy consciente, y busca múltiples mecanismos de apoyo, como la figura del tutor. Éste juega un papel clave, conoce muy bien a alumnos y  familias, actúa como medio de comunicación entre ellas y el colegio, aprovechando que el modelo organizativo del centro permite múltiples tiempos y espacios para llevar a cabo esta labor. Además, en respuesta a las necesidades del alumnado, se busca crear una escuela inclusiva, y en lugar de sacar del aula a los alumnos con dificultades, se les incluye mediante un modelo de educación innovador que busca el apoyo personalizado al estudiante.

 ¿En tu tiempo en el Padre Piquer conociste formas de innovación educativa?

La innovación educativa es un pilar del proyecto del centro. Piquer lleva muchos años implementando su modelo de aulas cooperativas multitarea, mediante el cual se flexibiliza el uso del tiempo y el espacio, se actualiza el rol del profesor, que prepara e imparte clases en equipo con otros docentes, todo ello para generar un tipo de educación en la que el alumno está en el centro y participa activamente en el aula; por ejemplo, mediante el desarrollo de proyectos interdisciplinares. No se asumen necesariamente los modelos de instrucción que nos han venido dados, como puede ser que todos los alumnos estén sentados en filas, mirando al profesor y escuchando unilateralmente una lección, y, en su lugar, se fomenta la colaboración, el trabajo en equipo y el pensamiento crítico. Por ejemplo, en lugar de tener clase de matemáticas durante una hora, se dedica más tiempo a una clase de ámbito científico, trabajando en un proyecto que combina matemáticas, tecnología y ciencias, y no hay un solo profesor en el aula sino grupos de profesores trabajando con grupos de alumnos. 

Nada es perfecto y nuevos modelos suponen nuevos retos, pero es un sistema que ya apunta a otro tipo de aprendizaje. Es cierto que puede ser muy difícil implementar estos modelos de innovación educativa cuando cada profesor está asignado a una asignatura, tiene un horario y una serie de horas lectivas que no le permiten dedicar tiempo fuera de clase a planificar este tipo de proyectos para llevar a cabo en el aula. Tienen que cambiar muchas cosas para que se pueda generar modelos educativos diferentes. Tiene que haber un cambio de mentalidad que permita cuestionar las prácticas institucionalizadas en el sistema. Quizás el horario de un profesor tiene que incluir menos horas lectivas y sin embargo, más tiempo de trabajo en el centro para planificar esas clases. Quizás hay que repensar el modelo de aula o de centro, fomentando modelos más abiertos y más colaborativos, tanto dentro de los colegios entre el profesorado, como fuera mediante redes de centros. Tiene que haber cambios estructurales y organizacionales que permitan la innovación educativa.

¿En qué aspecto de las políticas educativas se centra tu trabajo?

En políticas de calidad del profesorado, incluyendo temas como la selección, la formación, el acompañamiento o el desarrollo profesional. Estudios estos temas con un enfoque tanto teórico como de evaluación de impacto, para desarrollar políticas educativas basadas en evidencias.

Tenemos que pensar en la formación inicial de un profesor en la universidad, pero también en el aprendizaje de los docentes durante sus primeros años en clase, y la formación continua durante toda su trayectoria profesional. Cualquiera de estas etapas tiene que tener un componente práctico importante, que sea continuado, y que a veces no es el que veo que tenemos en España. En general, en los másteres de formación del profesorado, las asignaturas prácticas tienen poco peso. Y la formación que podemos recibir como profesores dentro de un centro a veces consiste en días sueltos de formación, en momentos limitados del curso, pero sin tiempo, apoyo, ni estructuras que después permitan poner en práctica lo trabajado en la formación. 

¿Cómo podríamos reformar la formación del profesorado?

Sería bueno pensar la formación de otra forma, como un componente básico y permanente de la labor docente, más que como algo puntual. Esto implica cambios estructurales importantes. A lo mejor no hay que dedicar tantas horas a clases y dedicar más horas a formación, trabajo en grupo para diseñar formas de implementar en el aula lo aprendido, para darle seguimiento, valorarlo y mejorarlo.

Creo que hay un potencial infrautilizado en lo que como profesores podemos aprender de trabajar con otros compañeros. El nivel de aislamiento del profesorado en el sistema español es algo que es importante analizar. Si miramos datos comparativos como la encuesta TALIS, que estudia prácticas docentes en los países de la OCDE, vemos que sólo el 30% de profesores en España ha impartido clase con un compañero, y únicamente el 15% ha observado clases de otros compañeros, porcentajes  que están muy por debajo de la media de la OCDE(4). También es menor comparativamente el porcentaje de docentes en España cuya práctica en el aula ha sido observada por docentes experimentados para recibir consejo. En mi caso, por ejemplo, considero que este tipo de trabajo con mi tutor de Empieza por Educar, a través de ciclos frecuentes de observación y reflexión conjunta, fue un punto clave en mi formación como docente. Este tipo de prácticas colaborativas nos pueden parecer extrañas porque no forman parte de las prácticas habituales en nuestro sistema, pero tienen un gran potencial que es importante considerar.

 ¿De qué maneras puede darse la colaboración entre profesores?

Hay muchas posibilidades de colaboración, desde pensar juntos la clase que luego va a impartir cada uno por separado, hasta prepararla e impartirla en equipo. No es sencillo porque requiere coordinación: planificar una clase juntos, observarnos entre nosotros, ponerlo en común… Pero se aprende mucho de trabajar con y observar a otros docentes. Yo he tenido la suerte de que muchas de mis clases eran compartidas, con dos o tres compañeros por lo menos, y he aprendido muchísimo de ver diferentes estilos y formas de explicar contenidos, de cómo formulamos las preguntas que hacemos a los alumnos, de lo que les pedimos en cada momento, o de cómo gestionamos el tiempo de la clase.

Los profesores hacen este tipo de cosas todos los días, cada uno con sus propias técnicas basadas en su experiencia, y todo ello constituye un capital de conocimiento que sería muy positivo utilizar. En lugar de intentar resolver un problema cada uno por su cuenta, que además seguramente es muy parecido al que tiene nuestro compañero en el aula de al lado, podemos trabajar juntos de manera más estructurada. De forma informal ya se dan intercambios de conocimiento entre profesores, pero hay un potencial interesante en generar modelos de colaboración más definidos. En esta línea, es muy importante que el centro se entienda como la unidad básica del sistema donde se puede dar esta colaboración y generar este aprendizaje, y se deben buscar las formas de potenciar y facilitar tiempos y espacios para ello.

Las negociaciones del pacto educativo se han bloqueado. Otra vez parece imposible…

 La educación requiere una apuesta por un modelo consensuado y a largo plazo que no va a dar resultados en los cuatro años que tienen las legislaturas. Tenemos que actuar dándole a la educación la importancia que decimos que tiene.  Si nos preguntan, todos decimos que la educación es muy importante. La educación abre puertas, nos convierte en lo que somos, nos da habilidad y conocimientos, y puede servir para avanzar hacia una sociedad mejor y más justa. Pero, aunque esto lo sabemos en teoría, en la práctica importan más la politización y los ciclos electorales, y esto no nos beneficia a largo plazo. Hay mucha gente con ganas de aportar al debate educativo en todos los sectores del sistema, hay que integrar estas ideas y escucharlas, como se hizo en la subcomisión por el pacto educativo, pero luego hay que buscar un compromiso sincero entre los partidos para llegar a acuerdos, para hacer políticas y no política.

Imaginemos que sí se alcanza un pacto educativo. ¿Cómo se puede implementar de verdad en el día a día? Escribir en una ley que hay que fomentar la creatividad no es lo mismo que conseguirlo de verdad.

Limitarse a legislar no consigue transformar lo que sucede en el aula. Sí hay ciertas medidas legislativas que pueden tener un impacto más directo, pero gran parte de lo que sucede cada día en las aulas y los centros incluye muchísimas dimensiones en las que una ley escrita sobre papel puede no acabar influyendo, aunque tenga la mejor de las intenciones. Es fundamental considerar y realmente entender el papel clave del profesorado ya que, la mayoría de las veces, la implementación de las políticas educativas es llevada a cabo por los profesores y los centros.

Para mí, ser profesor es una profesión preciosa, que a la vez puede ser muy dura y complicada. Por ello creo que al diseñar políticas educativas es fundamental tener en cuenta esa realidad del día a día en las clases y los centros, entre profesores y alumnos. Hay que considerar al profesorado en el diseño de cualquier programa educativo, e integrarlo en su implementación. No habrá una implementación efectiva si el profesor no está convencido del valor y la utilidad del programa, o si no tiene la formación, los medios y el apoyo para poder realizarlo. En este sentido, la colaboración entre profesores puede cobrar sentido como forma de aprendizaje y apoyo entre docentes que puede ayudar a la implementación de programas. Y esto, de nuevo, requiere cambios organizacionales y de mentalidad que lo hagan posible.

 

Referencias

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