Esperanza Mata Pérez, Ingeniería Electromecánica

img_0698¡Hola! Soy Esperanza Mata. Actualmente estudio cuarto curso de grado en Ingeniería Electromecánica en la Universidad Pontificia de Comillas, ICAI, en Madrid. Cuando estaba en segundo de bachillerato, me surgió la oportunidad de estudiar un año en el extranjero. En mi colegio me informaron sobre la existencia de la beca Kemper, concedida por la Phillips Andover Academy (Massachusetts) a un estudiante de España, Italia, Francia y Alemania, para realizar allí un curso adicional previo a la universidad. La idea me llamó inmediatamente la atención y puse todo mi esfuerzo en el proceso de selección. Me dieron la buena noticia en abril y a finales de agosto ya estaba lista para comenzar el año que hasta la fecha más me enriquecería tanto académica como humanamente.

Al haber finalizado ya bachillerato en España, tuve la posibilidad de escoger una gran parte de las asignaturas con la excepción, entre otras, de una asignatura de historia americana. La idea de tener que estudiar historia no me entusiasmaba demasiado, la memoria no es mi punto fuerte y nunca había disfrutado con esta asignatura. Acostumbrada al sistema español, esperaba clases de subrayar el libro y noches de intentar retener lo leído. La primera sorpresa llegó nada más entrar por la puerta. La profesora había dispuesto las sillas de la clase, que era de tan solo 9 alumnos, en forma de semicírculo con ella en el centro. De esta forma se favorecía la participación de todos en la clase. Mientras explicaba, preguntaba sobre éste o aquel hecho histórico desde las perspectivas de nuestros países y lanzaba preguntas al aire haciéndonos razonar. Por ejemplo, cuando estudiamos la Segunda Guerra Mundial, pidió que cada alumno trajese a clase una misma noticia contada en periódicos de distintos países para contrastarlas. De esta forma, mientras en España yo había estudiado que la prensa y la propaganda se utilizaban para influenciar la opinión popular en la guerra, con este ejercicio lo vimos con nuestros propios ojos.

El trabajo individual también era muy dinámico. De igual forma que con otras asignaturas, todos los alumnos de la clase compartíamos un chat virtual en el que teníamos que participar y responder a las preguntas que lanzase el profesor. Muchas veces debíamos ver una parte de un documental complementario a lo estudiado en clase y relacionarlo y discutirlo entre nosotros. Si por ejemplo estábamos estudiando los años 70, el documental trataba del movimiento hippie y se nos pedía que analizásemos las causas de este movimiento. Tampoco hubo examen final. En su lugar escribimos varios ensayos a lo largo del curso. Nosotros decidíamos la idea que queríamos defender y debíamos encontrar los argumentos y datos que respaldasen nuestra tesis. Antes de comenzar a escribir debíamos investigar en la biblioteca de la escuela y encontrar por lo menos 3 argumentos e información suficiente para sostenerlos. Una vez que obteníamos la aprobación de la profesora, nos poníamos a investigar en profundidad en libros relacionados y textos originales de la época. Mediante esta manera de examinar, no aprendíamos tan solo los sucesos, fechas y personajes históricos, si no que a su vez adquiríamos otras habilidades tales como la capacidad de proponer una idea y buscar argumentos con los que respaldarla. Una vez escrito el borrador, hacíamos “peer editing”, esto es, se nos asignaba un compañero que debía leerse el trabajo y ayudarnos a pulirlo. Éste último punto me pareció esencial, las críticas (y elogios) de los compañeros eran de gran ayuda, como también lo era el leer trabajos ajenos, pues se adquiría capacidad crítica y uno identificaba los propios errores más fácilmente.

Tanto me gustó la asignatura y tanto aprendí, que en el último trimestre escogí una asignatura de historia de África. En este caso, en el trabajo de final de curso se asignó aleatoriamente a cada alumno un país de África sobre el que debíamos investigar y hablar de sus recursos como si de un comité de la ONU se tratara. Debíamos diseñar un proyecto para ayudar a impulsar económicamente al país, y en la presentación final conseguir convencer al resto de alumnos para que lo financiasen y aprobasen el presupuesto estimado. Nadie me hubiese dicho un año atrás que iba a leerme documentos oficiales del gobierno y de la historia de Lesoto para conocer más sobre su potencial y posibilidades. Además, la presentación final era interactiva con el resto de compañeros, por lo que debía prever los riesgos y sus posibles soluciones para responder a cualquier pregunta o crítica que me pudieran lanzar. Me di cuenta de que el dejar autonomía al alumno, hace que éste interiorice mejor la información y ponga una mayor atención, pues el profesor ya no le dice aquello que debe estudiar para el examen. También fuerza a que el alumno piense, ya que el sistema de memorización y repetición que tenemos en España no obliga al alumno a razonar ni a relacionar eventos, y además deja de lado otras habilidades como la creatividad y la capacidad de expresión.

Por no ser injustos con nuestro sistema, hay que reconocer que cierto nivel de memorización es necesario para el aprendizaje y cultura, ya que la única que sabía situar todos los países del continente africano y todas las capitales era yo. Todo tipo de enseñanza tiene sus virtudes y sus defectos, y lo ideal sería un modelo educativo que aunara las ventajas de ambos sistemas, recogiendo los métodos mencionados anteriormente y similares, y sin abusar de la memorística.

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