Elena Massó Sagüés, Veterinaria

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Elena en una visita a una explotación ganadera en 3º de Veterinaria

Hola, soy Elena Massó, estudiante de 5º de Grado de Veterinaria en la Universidad Complutense de Madrid. Tengo 22 años, soy de Madrid y he realizado un año de estudios en el École Vétérinaire de Nantes (Francia) con una beca Erasmus. Decidí estudiar Veterinaria porque de la variedad de carreras que se me ofrecían era la única que me llamaba la atención y además estaba metida en el mundo del caballo. Después de 5 años en la carrera, he decidido que mi camino no va por la clínica de grandes animales y me encuentro en proceso de descubrir cuál es mi camino.

Por mi experiencia como estudiante en una universidad pública española, en una facultad que se encuentra en el puesto 43 de las mejores Facultades de Veterinaria del mundo1, encuentro que la enseñanza española no está lejos de ser buena pero tiene muchas cosas que mejorar. Hay gente que critica duramente el sistema español; yo no estoy de acuerdo pero creo que se puede mejorar mucho. Creo que todos los sistemas de educación tienen algo bueno, y si los tomas como ejemplo y coges un poco de cada uno puedes obtener un resultado muy bueno.

Todos estamos de acuerdo en que el sistema español está basado en la memoria, lo cual no es del todo malo, pero no puede fundamentarse sólo en eso. En el mundo informatizado en el que vivimos ahora, en el que podemos acceder a internet en todas partes, no podemos seguir anclados en el sistema memorístico. Insisto en que no es malo, y no hay que eliminarlo sino enriquecerlo, que los estudiantes aprendan a conseguir la información por ellos mismos, enseñarles de dónde sacar la información, cómo seleccionar lo que de verdad es importante, guiarlos en investigaciones para realizar trabajos… y después SÍ memorizar una base importante, pero no los tacos de 40 cm de hojas por asignatura llenos de texto, de los cuales quizá sobra la mitad para lograr un aprendizaje mucho más eficiente y selectivo. Si, por el contrario, nos intentan “meter con un embudo” la información como a los patos la comida, lo que consiguen es que “vomitemos” en el examen información desordenada que ni si quiera estamos seguros de haber memorizado bien, y que olvidamos al salir del examen. En cambio, si se reduce el tamaño de lo que se exige memorizar, queda tiempo para ordenar ese conocimiento en la cabeza, de manera que tengamos una base para seguir investigando y obteniendo conocimiento.

Otro problema grave que veo es que se nos da todo hecho. El profesor llega a clase, habla durante una hora sobre su tema, el alumno copia como un robot todo lo que dice. Es una pena porque luego cuando se nos pide hacer un trabajo sobre algo novedoso, de lo que no hay mucha información disponible, nos cuesta una barbaridad. No sabemos donde buscar, perdemos muchísimo tiempo únicamente buscando información que luego copiamos. No sabemos hacer trabajos con personalidad, simplemente copiamos información sin pensar demasiado, sin hacer reflexiones para ir un poco más allá.

Una solución que propongo es que el trabajo del alumno consista en un 30% de memorización y un 70% de trabajo dinámico. Antes de la clase se debería leer el tema que se va a tratar, y ya en la clase dialogar con el profesor sobre el tema, exponer diferentes opiniones, preguntar dudas y confirmar con el profesor lo que es importante que quede retenido en la memoria. Después de la clase, repasar o investigar más sobre el tema, y si le quedan dudas al alumno, siempre puede ponerse en contacto con el profesor para seguir aprendiendo.

Algunos dirán que esto no es posible porque los alumnos son vagos y no leerían el contenido antes de ir a clase. Yo digo que SÍ es posible, por ejemplo, mediante un pequeño test rápido sobre el tema que se va a tratar en clase y los alumnos deben leer previamente para evaluar a los alumnos que cumplen. Eso les motiva a leer con anterioridad el tema y además le sirve al profesor como control de asistencia. Luego el test debe verse reflejado en la nota final, de manera que se valore el esfuerzo y la dedicación del alumno, no sólo la capacidad de memorizar a toda prisa antes de un examen final. Este sistema lo realizan en alguna asignatura que cursé en el École Vétérinaire de Nantes (Francia), en el que estuve un año con beca ERASMUS. Me pareció un método muy bueno que permite además a los alumnos a ir al día. Pero todo esto pasa también por reducir las horas lectivas para permitir al alumno trabajar más por su cuenta. Allí tenía una hora o dos de clase a la semana por asignatura, aquí en España tengo 6 horas semanales de clases teóricas de una asignatura. Después de 5 años la única manera que he encontrado para sacar horas de estudio es faltando a las clases que veía mas innecesarias intentando optimizar el tiempo.

¿No parece muy difícil, verdad? Solo hay que echarle un poco de ganas, haciendo algunos cambios en la manera de impartir las asignaturas.

 

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