“Aprender de memoria sirve muy poco en la era del conocimiento digital”. Javier de Vicente Maldonado

Javier de Vicente Maldonado es profesor asistente en el departamento de Estadística en la Universidad Carlos III de Madrid. Ha obtenido reconocimientos a la calidad docente en todas las asignaturas que ha impartido. Javier nos habla de su experiencia como profesor universitario e investigador y nos explica su visión sobre la innovación educativa.FOTO JAVIER

Sabemos que la universidad Carlos III te ha otorgado varios premios reconociendo las valoraciones positivas de tus alumnos en las encuestas sobre el profesorado. ¿Qué hace que tus clases sean diferentes? 

Supongo que todas las clases son diferentes y, como no asisto a muchas clases de otros profesores, no sabría valorar en qué grado las que imparto son distintas. No obstante, sí que es cierto que, durante la mayoría de las sesiones, los alumnos disfrutan, participan, las aulas están llenas y, según muestran las pruebas de evaluación, aprenden mucho.

En cuanto a la metodología, la adapto ligeramente a la tipología de los estudiantes (grado, máster, humanidades, ciencias sociales, ingeniería) pero siempre se basa en el pensamiento y en la imaginación, fomentando que razonen con claridad y convicción. Se fundamenta en el modelo pedagógico de “Aula Invertida”. Habitualmente, unos días antes de la clase, mando un email a los estudiantes explicándoles algún problema de relevancia que vamos a intentar solucionar en la próxima clase con los conocimientos teóricos de los que disponemos. También suelo adjuntar algún artículo o vídeo que apoye la relevancia del problema en cuestión, o relacionado con los conocimientos teóricos que están adquiriendo.

Durante la clase, resolvemos todos juntos los casos, usando los datos, herramientas y conocimientos de los que disponemos. De esta forma, creo que los estudiantes se dan cuenta de que los conocimientos teóricos sirven para solucionar problemas reales. Por otro lado, también perciben que aprender de memoria sirve de muy poco, especialmente en la era del conocimiento digital, y que razonar e innovar es la clave para solucionar problemas. A colación de esto, y a modo de ejemplo, me gustaría comentar una anécdota. El curso pasado, tuve unos alumnos fantásticos en una asignatura de primero de grado. Todos tenían alrededor de un 12.5 en la prueba de acceso universitario, con unas notas excelentes en el examen de matemáticas. Los primeros días de clase estábamos viendo un tema que ya habían estudiado en el bachillerato, les planteé un problema real que se podía resolver fácilmente con las herramientas que ellos ya conocían, y nadie lo supo resolver. Esto me hace pensar hasta qué punto sirve que los alumnos aprendan cosas si no son capaces de razonar y usar estos conocimientos para imaginar soluciones.

Por otro lado, en cuanto a metodología, estoy explorando una nueva área basada en la gamificación, con alumnos más mayores. He organizado un juego que se divide por sesiones y que, a modo de liga, iremos completando a lo largo del curso. Creo que este sistema fomenta la implicación del estudiante durante los cuatro meses, así como la capacidad de los alumnos para darse cuenta de cómo están aprendiendo y el deseo de seguir haciéndolo. No sé cómo resultará al final, pero de momento estoy muy contento con su funcionamiento.

Por otro lado, me gustaría señalar que la actitud del profesor hacia sus alumnos es un aspecto que considero clave para que los cursos funcionen, y que considero casi parte de la metodología. José Luis Sampedro decía que sus clases se basaban en dos palabras: “amor y provocación”. Esto, desde la irremediable distancia intelectual que nos separa a la mayoría de nosotros del profesor Sampedro, es a lo que debemos aspirar. Querer a mis alumnos y pensar en cómo crear una metodología propicia son los dos puntos que considero claves en mis clases.

Las encuestas docentes permiten que el alumnado valore el trabajo del profesorado. ¿Crees que son un buen mecanismo para evaluar la práctica docente?

Yo no soy experto en gestión educativa o pedagogía, y no tengo todos los elementos que me permitirían dar una respuesta más fundada. Una vez hecha esta salvedad, puedo intuir que no existe el método perfecto. Al pensar en las encuestas docentes observo un problema fundamental: el alumno puede estar sesgado y no ser capaz de valorar objetivamente la calidad de los conocimientos y aptitudes aprendidas durante el curso. Estos sesgos pueden venir derivados del carisma del profesor, de la dificultad y/o el volumen de trabajo de la asignatura… No obstante, pese a estos posibles sesgos, es un indicador que valora la opinión de los estudiantes. Poder contar con este tipo de medidas me parece muy positivo.

Creo que hacer un seguimiento del alumno mediante encuestas al finalizar el grado y en algún año posterior, podría ser una medida fantástica (no sé si es posible en términos de logística o costes). Poder contar con la opinión de los estudiantes algún tiempo después de haber cursado la asignatura proporcionaría una visión con más perspectiva sobre las habilidades y conocimientos que obtuvieron en la asignatura en cuestión.

¿Cuál es el mayor desafío al que te has enfrentado siendo profesor universitario?

Me he visto ante el desafío maravilloso de generar empatía con los estudiantes para organizar una clase que maximice las posibilidades de aprendizaje. Esta es una tarea compleja pero apasionante. Por otro lado, no he conseguido que los alumnos relativicen la importancia de los exámenes.

Un tema que está adquiriendo mucha relevancia en el ámbito educativo es el de la innovación. Para ti, ¿qué es la innovación educativa y cuál es el elemento más importante a tener en cuenta para fomentar esta innovación?

No creo que la innovación educativa tenga un componente positivo por sí misma. La innovación puede ser buena o mala, según cómo esté orientada. Por tanto, no considero que la innovación en el ámbito educativo sea algo a fomentar necesariamente. La buena universidad no la hacen los ordenadores, ni los softwares más avanzados, ni las metodologías más modernas, sino los buenos profesores. Y para conseguir buenos profesores, considero que lo principal es abandonar la búsqueda de resultados inmediatos, desligar la investigación de la docencia, abandonar las medidas coercitivas hacia el alumnado, evitar los demagógicos acuerdos con empresas que promueven que la universidad se convierta en una empresa manufacturera de técnicos, y reducir el egoísmo de algunos docentes demostrándoles la importante función social que desempeñamos. Todo lo demás cambiará (dirigido por expertos que saben más que yo) si cambia la mentalidad subyacente.

Has sido también investigador en universidades como la London School of Economics and Political Science y también en la Universidad de California. ¿Cómo valoras la investigación universitaria en general en España, y en concreto en la Carlos III, en comparación con estas dos otras instituciones?

No tengo un conocimiento tan amplio como para hacer una comparación profunda. No obstante, desde mi experiencia individual, he visto que la principal diferencia está en la burocracia y la premura a la que nos enfrentamos en España. En las universidades en las que he estado, he visto que el investigador tiene más tiempo para desarrollar sus ideas, y puede mirar más a largo plazo. También me gustaría señalar que, en comparación con la Carlos III, no hay demasiada diferencia en lo relativo a docencia. Incluso, muchos de mis ex-alumnos me han señalado que la calidad de la docencia en nuestra universidad es mayor, en algunos casos, que en universidades de gran prestigio internacional.

Por último me gustaría preguntarte, ¿qué le pedirías tú, cómo profesor universitario, a la clase política en temas de educación?

Soy bastante escéptico con la clase política. Simplemente me conformaría con que actuaran lo menos posible y que, de hacerlo, lo hicieran para desligar investigación y docencia, y promover ambas en la misma medida. No obstante, creo más en el cambio de abajo hacia arriba. Pienso que, como sociedad, debemos abandonar esa búsqueda inmediata de resultados y el egoísmo que nos hace sólo valorar nuestros objetivos. Si los profesores empezamos a pensar en qué es lo mejor para los alumnos, cada profesor desde su visión del mundo, desde su experiencia, y desde sus habilidades, la calidad docente mejorará. Para ello, el gobierno tiene que dejar de cercenar el tiempo y las ganas de los docentes y, en todo caso, premiar la buena docencia de la misma forma que se premia la buena investigación.

Como resumen, si me lo permitís, me gustaría tomar un fragmento de un texto de Albert Einstein titulado “Sobre la Educación”: El principal objetivo de las escuelas debería ser, siempre, desarrollar la capacidad general para el pensamiento y el juicio independientes y no la adquisición de conocimientos especializados.

 

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