Alberto Buscató, Biotecnología

P1040950Mellamo Alberto Buscató, tengo 23 años y estudié un grado en Biotecnología en la Universidad Francisco de Vitoria, en Madrid. Durante mi último curso tuve la oportunidad de estudiar un cuatrimestre en Harvard Medical School, lo cual me sirvió para comparar ambos modelos educativos.

Mi trabajo allí se centraba en las prácticas de laboratorio. Entré en un departamento encargado de buscar curas para distintas enfermedades usando el sistema inmune natural del cuerpo humano. Cuando comencé a trabajar, lo que más me sorprendió fue la total libertad y responsabilidad con la que debía afrontar mi investigación.

Acostumbrado a las prácticas de laboratorio universitarias (y a los laboratorios españoles), yo esperaba llegar y que me dijeran qué tenía que investigar, cuáles eran los experimentos que realizaríamos y que, incluso, me dieran los protocolos que yo, sencillamente, tendría que aplicar. La realidad fue muy distinta. Mi tutora me dijo el primer día: “nuestro objetivo es curar el cáncer así que, dime… ¿cómo lo vas a hacer tú?”. Me quedé en blanco.

En aquel momento pude balbucear alguna idea y acotar ligeramente el ámbito de estudio pues, aunque la memorización está excesivamente implantada en el sistema educativo español, lo cierto es que estudiamos, sabemos “cosas”, lo cual nos permite defendernos en muchos ámbitos. Pero sacamos poco partido a lo que sabemos, y eso lo pude aprender durante mi estancia en los Estados Unidos. ¿Por qué? Porque su premisa es que el estudio debe estar basado en la libertad del estudiante con, eso sí, una guía de un tutor. Al tener una gran libertad para estudiar lo que consideres oportuno, se hace necesario un estudio de la generalidad, del todo, a partir del cual se vaya concretando cada vez más, hasta elaborar un plan de estudios (o de investigación) propio, diseñando la totalidad de tu trabajo.

De esta manera, aprendes no solo a investigar o a hacer el experimento que te dicen. El conocimiento técnico y académico es una parte de tu proceso de aprendizaje, que consiste en mucho más. Consiste en enfrentarte a la realidad, en tratar grandes problemas y proponer tus soluciones concretas. Consiste en aprender a construir partiendo desde cero. Consiste en ponerte frente a la nada, frente a la ausencia de guías, frente al caos de nueva información, miles de alternativas y cientos de teorías distintas que hay en la realidad. Pero, tienes que dar una solución, por lo que abordas la realidad, ordenando en primer lugar tu mente y, posteriormente, ordenando cómo te acercas a la realidad que hay ahí fuera.

En España estamos acostumbrados a que nos lo den todo hecho. No sabemos resolver problemas, sencillamente, aplicamos una solución dada a un problema ya resuelto. El trabajo siempre es positivo, pero estéril y completamente frustrante pues miles de personas han hecho lo mismo que tú antes, con idéntico resultado.

¿Cómo podríamos hacer esto? Fomentar la curiosidad del alumno pasa por darle libertad para diseñar su propio plan de acción. Por ejemplo, en las prácticas de laboratorio de las carreras de ciencias, siempre se nos presenta un problema y la solución detallada (paso por paso) a la vez. Sería interesante que se planteara un problema cuya solución nosotros no conozcamos y que se nos de libertad para buscarla. No debería ser el típico problema de manual, para que no encontremos la respuesta fácilmente en el primer libro que busquemos aunque el profesor debería conocerla, para poder guiarnos si estamos perdidos. Decía Ramón y Cajal, en Los tónicos de la voluntad (recomendado para cualquier estudiante de ciencias) que nos acercamos a la excelencia cuando comprendemos el proceso por el que los genios solucionan sus problemas, no cuando comprendemos la solución en sí.

Es cierto que, al principio, necesitamos muchas guías y un profesor pendiente de nosotros. Sin embargo, al poco tiempo deberíamos de enfrentarnos a problemas cuya solución no conozcamos, fomentando el pensamiento, para que trabajemos sobre lo dado y seamos capaces de sacar conclusiones propias y resultados interesantes. Siempre bajo la guía de un tutor, que corrija lo que no sea correcto y oriente hacia un buen fin, pero donde el protagonista sea el alumno y las decisiones que él tome, no la capacidad de aplicar soluciones ya dadas de antemano.

El sistema educativo español necesita implementar una educación basada en una libertad responsable del alumno, guiada correctamente por el maestro, en lugar de repetir la aplicación de soluciones dadas a problemas ya resueltos.

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