Àger Perez Casanovas, Filosofía

El año pasado terminé el grado de Filosofía en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y decidí cursar el máster en el departamento de filosofía de University College de Londres (UCL). Actualmente estudio y vivo en Londres, como becaria del programa de becas de posgrado en Europa de LaCaixa. Sin embargo, mi intención es regresar a España para continuar mi carrera académica en el ámbito de la filosofía aplicada, en concreto, me interesa la conceptualización de la creación en las prácticas artísticas y su potencial disruptivo. A distancia, sigo ejerciendo como socia fundadora de la asociación Casa del Pensament, que tiene como objetivo la generación de espacios filosóficos fuera de la academia, a través de la organización de mesas redondas y otros formatos de participación ciudadana. Concibo la filosofía como una herramienta social que debe trascender los muros de la universidad, en lugar de una mera disciplina académica reducible a un currículo de asignaturas.

Àger en la biblioteca de University College London

Àger en la biblioteca de University College London

Mi experiencia en el sistema educativo español ha sido, en conjunto, muy enriquecedora. El estudio de letras y humanidades en España se enfoca de un modo muy histórico, es decir, se prioriza que los estudiantes terminen el grado con una perspectiva general del desarrollo de su disciplina, a través de la lectura de los autores más influyentes y de las obras canónicas. En arte, se lee Gombrich; en antropología, se estudia Lévi-Strauss; los estudiantes de filologías dedican diversas asignaturas a leer las grandes obras de la literatura y los de filosofía nos familiarizamos con los filósofos más relevantes, desde Sócrates a Foucault. La formación del literato es ardua y requiere horas de lectura y asimilación de contenidos. Mas la tarea de conocer todas las obras de referencia clásicas consume las horas lectivas, cuatro años y mucha paciencia no son suficientes para leer todo lo que hay que haber leído. ¿Cuál es el resultado? Los planes de estudio, aun limitándose a contenidos históricos, resultan barrocos y demasiado ambiciosos, aparecen huecos, brechas – autores que no se conocen, movimientos no estudiados y, sobretodo, una falta de base que solo se consigue con una inversión de tiempo que sería irrazonable exigir a los estudiantes.

Ahora bien, los inconvenientes del enfoque histórico no deberían ocultar sus ventajas. Aunque existan brechas, después de cuatro años el graduado de letras en España es capaz de reconocer los autores y obras más importantes, lo que se ha adquirido es un conocimiento global que permite especializarse en el ámbito que despierte el mayor interés. En otras palabras, en la universidad española se prioriza el contenido, la provisión de una base sustantiva la asimilación de la cuál se mide a través de trabajos bibliográficos y exámenes que requieren memorización. Por ejemplo, la evaluación de Filosofía Moderna consiste en dos trabajos en los que se contextualizan y resumen dos ensayos de la época. El plan de estudios reduce los módulos sobre metodología e investigación, y aumenta los bloques que consisten en clases magistrales de lo que considera un bagaje esencial.

Filosofía es uno de los casos más paradigmáticos. En la UAB, hasta el presente curso académico, el grado de filosofía era el único en la Facultad de Filosofía y Letras que no ofrecía una asignatura de prácticas a los estudiantes de grado. En mi caso, únicamente dos asignaturas me ofrecieron la oportunidad de involucrarme en proyectos de investigación, que llevé a cabo en colaboración con el Museo Picasso de Barcelona y la Fundació Miró. Se trata, sin embargo, de ocasiones excepcionales.

En contraste con el modelo español, el sistema británico otorga mucha importancia a la adquisición de competencias, es decir, de herramientas formales – estructuras argumentativas eficaces a la hora de debatir, modos de organizar un escrito – que ¡ el estudiante pueda aplicar en casos distintos para llevar a cabo su labor de investigación. En el caso de filosofía, el grado de UCL solamente incluye en el plan de estudios tres módulos históricos obligatorios, y dedica el resto de las horas a módulos metodológicos, como lógica, y a la discusión de publicaciones contemporáneas. Respecto a las horas lectivas, las horas de clase se reducen al mínimo para promover el estudio y la investigación independientes. Probablemente a los graduados británicos les falta una base de contenido, mas son capaces de argumentar y razonar sobre prácticamente cualquier problema filosófico actual. En vez de clases magistrales, la metodología consiste fundamentalmente en las presentaciones orales y el debate, y la evaluación prioriza la redacción artículos académicos frente a los exámenes. Los postgraduados, competentes investigadores autónomos entrenados en la escritura académica, recibimos constantemente información sobre convocatorias para congresos, que facilitan la incorporación profesional.

¿Cuál es el camino a seguir? La metodología adecuada es una cuestión metafilosófica, que depende de la pregunta por la tarea del filósofo (o del literato, del académico, del historiador). Para mí, a figura del experto en humanidades presupone una competencia no solo táctica, sino sustancial – no requiere solo saber cómo argumentar, sino sobre qué pensar, y a la hora de elegir el tema de nuestra investigación es imprescindible saber qué ha sido ya dicho en el pasado. Es difícil encontrar el balance entre el fomento británica de la audacia del emprendedor y el respeto por lo clásico español, pero un plan de estudios equilibrado debería formar graduados análogos al ángel de la historia benjamineano: capaz de avanzar, mas con la cabeza vuelta hacia los escombros del pasado cuya carga es imborrable.

 

Àger Perez Casanovas

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