“Necesitamos saber para qué queremos educar”. Sonsoles Castellano

Sonsoles Castellano lleva más de 20 años trabajando en el sistema educativo. Tras varios años como profesora y posteriormente directora del Colegio San Patricio del Soto, en 2003 cogió las riendas de la dirección de política educativa de la Institución de colegios San Patricio. Desde entonces, Sonsoles ha centrado todo sus esfuerzos en la transformación y mejora continua del modelo educativo dentro y fuera de la institución. Como presidenta de la Fundación San Patricio lanzó “ENAP, Enseñar a Aprender, Aprender a Enseñar” un congreso anual de innovación educativa dirigido a padres, alumnos, profesores y equipos directivos de colegios de toda España.  Por este congreso que se celebra anualmente en Toledo han pasado grandes ponentes como la Madre Montserrat del Pozo, Ángel Gabilondo o David Perkins entre otros.

Desde tu experiencia, ¿cuáles son los puntos fuertes y los puntos a mejorar del sistema educativo español?

A nivel de contenidos no estamos mal. El desarrollo de los currículos es bastante amplio, toca todas las zonas de interés. Pero hay dos cosas que no hace: utilizar las metodologías adecuadas a las necesidades de los alumnos -probablemente porque el profesorado no está preparado para abordar el cambio metodológico que ahora mismo se necesita- y cambiar la actitud en el profesorado.

El profesorado está formado en una idea de educación vertical que es propia de otro tiempo. La diversificación ya no puede ser café para todos, la gente es tan diversa y tan diferente y el respeto a los intereses distintos y el respeto a la diversidad son muy importantes, pero el profesorado no sabe cómo gestionar esa diversidad.

La atención a la diversidad está formulada por ley como un requisito desde hace mucho pero no se ha entendido. La diversidad no debería llamarse tratamiento sino atención. El lenguaje nos está condicionando constantemente al profesorado y lleva a una mala interpretación de las  leyes.

Entonces, ¿qué necesita el sistema educativo español con urgencia? Necesita un profesorado que reformule con profundidad qué es lo que estamos haciendo. También necesitamos un lenguaje común porque en el cambio metodológico parece que todos decimos lo mismo y en cambio hay matices importantísimos que son muy profundos. Llevamos mucho tiempo hablando de cambio y no se está dando. Yo pienso que  una de las razones por las que el cambio no se está dando es que el lenguaje nos está haciendo grandes trampas. Por ejemplo, el caso que he mencionado: las palabras “tratamiento” y “atención” son muy diferentes y esto condiciona lo que vayamos a hacer con el alumnado. O la tecnología, por ejemplo. Yo entiendo la tecnología como una actitud porque no podemos saber cuál va a ser la metodología que van a necesitar los alumnos mañana: la percepción del tiempo también ha cambiado tanto que tenemos que enseñar a los alumnos para un mundo que desconocemos, con unos instrumentos que desconocemos. Entonces lo que tienes que enseñar realmente es una actitud de apertura a incorporar todo lo que la tecnología aporta.

Has hablado de la necesidad de adaptar las metodologías a las necesidades reales de los alumnos. ¿Qué necesidades son?

El alumnado necesita interpretar una realidad cambiante compleja y entonces el profesor le tiene que dar unos instrumentos para aprender a relacionar, para tener espíritu crítico suficiente para interpretar la cantidad de datos que nos están llegando. Ahora mismo tenemos mucha más información de la que podemos gestionar. El alumno tiene que aprender a gestionar esa información, relacionarla y analizarla para saber discernir una cosa de otra. Yo creo que eso no lo estamos haciendo, solo les estamos transmitiendo información (contenidos, memorización, etc.) y mal.

Claro que la memoria hay que ejercitarla porque lo que no memorizas no lo sabes, y lo que no sabes no lo puedes transmitir. Y ni siquiera esto lo hacemos bien. Normalmente los alumnos no se acuerdan de la mayoría de las cosas que memorizaron en el colegio. Si realmente consiguiéramos que lo memorizaran igual no estaría tan mal como sistema, tendríamos una población estudiantil muy culta. Entonces el problema es todavía peor, ni siquiera estamos dando respuesta a lo que creemos que nos parece bueno.

Antes has mencionado la existencia de diversidad en los alumnos. ¿A qué te refieres  concretamente?

Profesionalmente, me refiero a algo que ya está definido y es que no todos los alumnos aprenden de la misma manera. Hay alumnos más auditivos, hay alumnos más visuales y hay alumnos más quinestésicos. Entonces yo no puedo pretender que mis alumnos, que no tienen ninguna culpa de ser más visuales, más auditivos o más quinestésicos tengan que aprender igual. Tengo que diversificar la forma de enseñarles para que todos tengan las mismas oportunidades de aprender lo máximo posible. Esto en cuanto a la forma de plantear un tema.

Por otro lado es fundamental  la vertiente artística del individuo. No solamente existen las lenguas, las matemáticas, ciencias sociales y naturales. El componente artístico es fundamental y no lo estamos atendiendo. Este cambio también implica que, por ejemplo, si hay un alumno para el que los lenguajes plásticos son básicos, tiene que poder acceder a la cultura a través de esos lenguajes. Imagínate que tú fueses una persona que incorporas contenido a través de la música y los sonidos. Pues si no te lo facilitan así, te están limitando tus posibilidades de aprender.

Entonces, el concepto de equidad no solo implica conseguir el acceso a la educación muy generalizado, sino que todos tengan la oportunidad de aprender explotando sus habilidades, por muy variadas que sean éstas.  Es verdad que hemos avanzado muchísimo en los últimos 30 años, sin embargo es una equidad relativa.

En los colegios San Patricio, sobre todo en el International School San Patricio de Toledo se ha hecho una apuesta muy fuerte por el sistema de Bachillerato Internacional e incluso Primera y Secundaria Internacional. ¿Qué caracteriza al sistema de BI? ¿Cuáles son las principales diferencias con el sistema educativo español?

Los tres principales focos de comparativa son el espíritu crítico, el espíritu cívico y la creatividad.

En cuanto al espíritu crítico, el sistema de evaluación es muy distinto. Propone un análisis crítico en el que a la vez que el estudiante aprende, analiza, sintetiza, relaciona, enjuicia y aporta.

El espíritu cívico se desarrolla a través de la asignatura CAS (Creatividad, Acción y Servicio). CAS promueve la realización de proyectos que den respuesta a por qué estudio y para qué aprendo, y que tienen impacto en algo socialmente necesario.  Yo utilizo mucho una frase que dice que “Aprendizaje es igual a PQR: programación, poder preguntarte y reflexionar”. Es decir, para que se produzca un auténtico aprendizaje, como profesores tenemos que programar qué queremos, tenemos que enseñar al alumno a cuestionarse y reflexionar sobre ello porque si no hay reflexión no hay aprendizaje profundo. El IB es completamente así.

Y por último, la creatividad, que yo vinculo a las enseñanzas artísticas. En el IB todo el mundo estudia algo relacionado con la comunicación artística. Esto para el desarrollo y la sensibilidad del ser humano es importantísimo.

El sistema educativo español, actualmente, se basa en la memorización de conceptos en lugar de en la adquisición de aptitudes. Esto genera una brecha entre lo que aprendemos en la universidad y lo que se pide en el mundo laboral. ¿Qué tiene que cambiar en el sistema educativo para conseguir un acercamiento entre lo que se nos demanda en el colegio/universidad y en el mundo laboral?

Yo ahí no soy muy políticamente correcta. Como educadora de enseñanzas medias muy vocacional, no quiero que a mis estudiantes les preparemos para la empleabilidad. No quiero o creo que la escuela deba de tener puesto el foco en que va a necesitar el mundo laboral sino en la formación integral de los estudiantes.

Soy partidaria de que la educación piense en qué necesita el alumno para ser una persona feliz. Lo que necesita para ser feliz es disfrutar aprendiendo,  aprender a aprender, tener capacidad de escucha, saber empatizar con las personas y tener relaciones sociales sanas. Solo así estará más capacitado o capacitada para trabajar en cualquier medio laboral. El estar preparado ha de ser consecuencia de haber recibido una formación íntegra y completa. Habilidades como el trabajo en equipo, la inteligencia emocional o la comunicación son clave, hay que empezar a trabajarlos desde la escuela.

Estamos en una época de revolución y renovación educativa, pero necesitamos saber para qué queremos educar.

Un problema del que se habla mucho en España es la poca importancia que se le da a la enseñanza como profesión. ¿Qué consecuencia tiene esto en el sistema educativo? ¿Cuáles crees que son los grandes retos del profesorado hoy en día?

La Fundación ha hecho una inversión brutal en formación porque era imprescindible formar al profesorado en neurodidáctica para que entendieran cómo aprenden los estudiantes y a partir de ahí interesarse en cómo aprendían unos y como aprendían otros. Si hago un brainstorming , ¿por qué lo hago? ¿Qué pasa en el cerebro de los alumnos si hago tareas de motivación antes de empezar una lección? Toda esta formación es costosa porque al final el profesorado ha sido educado de otra manera y con una forma de aprender que le parece bien.  Al final un profesor enseña como le han enseñado a él y por eso se repite el ciclo.

La formación es muy necesaria. El otro día el profesor de neurodidáctica nos decía que empezando ahora a incorporar cosas probablemente hasta dentro de 7 años no seríamos capaces de programar una clase sabiendo, a la luz de la neurodidáctica, cómo funciona la cabeza del alumno. Entonces son cambios por un lado lentos. Pero por otro lado lo hemos hecho rápido, porque los inputs han venido desde muchos sitios. Desde mi punto de vista lo más importante es que empezamos desde la competencia emocional, por el cambio de actitud del profesorado. Al final, da igual cómo estén las mesas, cómo sean los espacios… Si se apuesta por dotar al profesor de competencias emocionales necesarias para gestionar el cambio, cuando llega el cambio, éste lo incorpora con menos miedo y con más capacidad, asertividad y empatía. Ésa es la razón por la que pusimos en marcha I3C, un programa de inteligencia emocional en entornos escolares, que no está teniendo mucho éxito porque es muy comprometido. A poca gente le gusta que le digan que no está bien en competencias emocionales. Como consecuencia, la gran mayoría decide no subirse a esta iniciativa.

En este momento, en el que se está apostando por la inteligencia emocional en las prácticas del profesorado, lo más importante es gestionar la resistencia al cambio. Una persona que es competente emocionalmente, cuando se le viene encima un cambio de las características del que hemos hecho, consigue gestionar un aula con un ambiente completamente distinto. Si emocionalmente no soy una persona muy potente y todo eso me produce inseguridad, me bloqueo y soy incapaz de aprender y mi propia frustración se la traslado a mis alumnos.  Esto, que se llama resistencia al cambio, es uno de los pilares básicos del trabajo de inteligencia emocional con los profesores.

Entonces, ¿cómo crees que debe introducirse un cambio educativo en una institución?

Creo que hay que empezar por la competencia emocional y digital del profesorado. Creo que un profesor dotado con esas dos herramientas impulsa inmediatamente el cambio en la escuela sin ningún problema porque los contenidos los tenemos y los profesores españoles somos buenos.  Un profesor preparado para gestionar el cambio y sin miedo a éste provoca el cambio que necesitan nuestras aulas de forma natural.

 

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